El rayo solar,
refulgente de luz,
se aproxima flotando.

La novia flor,
conmoviéndose en color,
le saluda jubilosa.

Lleno de confianza,
relata el rayo
a la hija de la tierra,
cómo las potencias solares,
brotadas del espíritu
en la morada de los dioses,
escuchan el sonido del mundo.

La novia flor,
destellando en color,
presta atención, pensativa
al llameante sonido de la luz.

Rudolf Steiner

Hace ya varias semanas comenzamos a trabajar intensamente como comunidad en nuestro Vivero Productivo y Educativo de Plantas Nativas Biodinámicas.

Entusiasmados, muchos nos sumamos a la propuesta de pensar un nombre para el proyecto. Nos lo llevamos al sueño y también lo tuvimos presente en la vida cotidiana. Como si fuera un juego, subrayamos palabras de libros, rescatamos ideas de conversaciones con amigos, de clases a las que asistimos, de comentarios que escuchamos de los niños y niñas, de imágenes o sensaciones que nos provocaron paisajes y jardines. De pronto aparecieron variedad de sugerencias: conceptos, denominaciones de flores, árboles, figuras geométricas, grupos de insectos.

Las abejas fueron evidentes protagonistas en este proceso creativo y aparecieron, intermitentes, las reinas, las obreras, los enjambres, las colmenas. Una noche nos rodearon las cabezas y no tuvimos miedo de que nos picaran. Traían impregnado en su cuerpo el polen que, como describe Rudolf Steiner, no es otra cosa que “rayo solar condensado”, dador de vida. Esta misma energía solar llegará hasta la semilla que retornará y fecundará la tierra, permitiendo el triunfo de las fuerzas cósmicas sobre las tendencias esclerotizantes o endurecedoras del planeta Tierra.

A medida que nos íbamos acostumbrando a esa luz que irradiaban, se hacía más evidente que lo que nos estaban zumbando en los oídos era eso que estábamos buscando, la identidad del proyecto. Ahora queremos contarles lo que nos contaron las abejas:

Nuestro vivero se llama