“El teatro de Watson”, la obra de teatro de Octavo Grado

El ingreso del niño en la pubertad no implica un abandono tajante de la niñez. El orden que organiza y protege el desarrollo infantil acompaña los primeros pasos en el mundo adulto signado por la libertad, la individualidad y la autonomía. Sin embargo, la natural ruptura que realiza el joven con ese orden cósmico que lo condujo hasta las puertas de la nueva etapa suele expresarse conflictivamente; con actitudes escépticas y rebeldes que despiertan en el adulto una preocupación por la integridad de esos muchachos y muchachas que aún no conocen las reglas de la adultez.

El arte escénico ofrece un espacio de exploración y juego sobre esos nuevos territorios. Por un lado, desarrollando la reflexión del joven a través de la repetición de movimientos, la memorización de textos, la elaboración de signos estéticos, la interpretación de ideas, el control de la forma expresiva y la fuerza física; por el otro, confrontándolo con las formas y los valores del mundo adulto planteados por las circunstancias ficticias de una obra, sin comprometer su integridad moral, ni quebrantar el idealismo aún encendido por la llama de la infancia.

A través de juegos de improvisación y construcción de escenas los alumnos manifiestan lo que les inquieta. Luego, el docente elige una obra que reúne los temas que considera más importantes. El mundo adulto llama la atención del joven de una manera cruda e irreflexiva. Temas como la injusticia, la venganza, el maltrato, el poder, las sustancias químicas aparecen en sus juegos de la manera más natural pero sin un orden; como cosas fragmentadas, sin integración en un todo.

Luego de diferentes propuestas, los jóvenes de octavo mostraron un particular interés en el género policial. El “Estudio escarlata” de Arthur Conan Doyle reunía las condiciones ideales para canalizar sus inquietudes.  Sherlock Holmes y Watson son detectives independientes que no se corresponden con ningún patrón oficial: uno es químico, el otro es médico; ambos sacan conclusiones del mundo material con sus propias experiencias, sobrepasando a los policías comunes. Con sus idas y venidas en el tiempo, la estructura narrativa de este policial constituyó un excelente estímulo para el pensamiento. El crimen que se investiga se remonta a un pasado que Conan Doyle relata como una novela aparte: una historia de amor frustrada por los abusos de una secta y un justiciero solitario que halla la manera perfecta para hacer actuar al destino como juez. Si bien la obra dramática no ofrece respuestas directas a preguntas como “¿Qué cosa es la justicia?” o “¿Qué es el amor?”, incita a los jóvenes a formar esas respuestas a partir de sus propias vivencias, a través de la interacción grupal,  desde el juego estético de la actuación.

Santiago Traverso, Profesor de Teatro.